Cuaresma-2016

La cuaresma como un tiempo favorable para descubrir belleza y devolver belleza

No sabía por dónde enfocar esta charla o reflexión, no voy a descubrir nada nuevo que cada uno de ustedes no haya descubierto, pero si voy a compartir algo de lo que día a día nos va configurando con nuestra vocación cristiana, desde los diferentes ámbitos en los cuales manifestamos nuestra fe . Había pensado enfocarlo solo desde el aspecto teológico de la cuaresma, voy a rescatar una idea que creo que recorre todo el sentir cuaresmal y que quizá les va a extrañar porque no es muy comentada:

La cuaresma como un tiempo favorable para descubrir belleza y devolver belleza.  

Este será el tema central de la reflexión que lo centraré en la experiencia de la comunidad eclesial o cristiana,  como el lugar de paso de Dios, como el Cuerpo del Hijo y como el Nido apropiado para el Espíritu.

La exhortación Evangeli Gaudium tiene unas líneas trasversales que nos acercan esta  idea: la alegría y la belleza: nos invita a compartir esa alegría y a contagiarla señalando un horizonte bello

“los cristianos tienen el deber de anunciarlo (el Evangelio) no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable… “(Evangeli Gaudium nº 14)

La palabra conversión es el núcleo central de la espiritualidad de la cuaresma. Todos sabemos que convertirse es VOLVERSE A… “volveos al Señor vuestro Dios porque es compasivo y misericordioso”, así nos dice el profeta y añade “y no se irrita fácilmente” (Joel 2, 12)…

Volverse hacia Dios porque es compasivo y misericordioso, es decir, no porque tengo miedo sino porque El  me “atrae hacia si”. Ser compasivo y misericordioso, no es tener lastima  sino entrar en la realidad más profunda del otro y hacerla mía, vivirla como mía y desde ahí acoger, sanar, apoyar, redimir, rescatar y devolverle su belleza original,  en el mensaje de cuaresma para este año, 2017, el Papa Francisco nos dice  “que el otro es un don”. Si hay que volverse al Señor es porque él nos atrae desde lo profundo de si mismo: su compasión implica  que ha entrado en lo profundo de nuestra realidad y la ha sumido para plenificarla. ( Vita consecrata nº  23: “Los discípulos y las discípulas son invitados a contemplar a Jesús exaltado en la Cruz, de la cual «el Verbo salido del silencio», (39) en su silencio y en su soledad, afirma proféticamente la absoluta trascendencia de Dios sobre todos los bienes creados, vence en su carne nuestro pecado y atrae hacia sí a cada hombre y mujer, dando a cada uno la vida nueva de la resurrección (cf. Jn 12, 32; 19, 34.37). En la contemplación de Cristo crucificado se inspiran todas las vocaciones”; La vocación cristiana parte de este camino de conversión que implicó al Pueblo de Israel una búsqueda continua del rostro de Dios, desfigurado para ellos en tantos recodos del camino donde le perdieron de vista atraídos por la belleza mundana del poder…. Cada paso que dieron fue un camino de Pascua, un dejar atrás algo “seguridad, ídolos,  poder, etc” e ir adquiriendo algo nuevo, “confianza en Yavhe, y una tierra prometida que les afianzará  en lo definitivo y duradero: el Amor de Dios por su pueblo”.       
Dios toca y embellece, si la cuaresma es un tiempo de vuelta a la casa del Padre  esa vuelta implica entrar en su dinámica salvadora, embellecedora. La cuaresma prepara a la Pascua porque es el paso hacia la Resurrección, donde el ser humano vuelve a su belleza original desde la experiencia del Golgota el número 24 de la exhortación Vita Consecrata   pone ante nuestros ojos la belleza del Verbo “precisamente en la cruz manifiesta en plenitud la belleza y el poder del amor de Dios.

San Agustín lo canta así: «Hermoso siendo Dios, Verbo en Dios. Es hermoso en el cielo y es hermoso en la tierra; hermoso en el seno, hermoso en los brazos de sus padres, hermoso en los milagros, hermoso en los azotes; hermoso invitado a la vida, hermoso no preocupándose de la muerte, hermoso dando la vida, hermoso tomándola; hermoso en la cruz, hermoso en el sepulcro y hermoso en el cielo. Oíd entendiendo el cántico, y la flaqueza de su carne no aparte de vuestros ojos el esplendor de su hermosura» (S. Agustín, Enarr. in Psal. 44, 3: PL 36, 495-496.)

La cuaresma en su camino hacia la Pascua nos reestructura en nuestro estado original, mucho más allá de lo que percibimos personalmente. Le quita a la piedrecita blanca (Apocalipsis 2:17 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. “) el moho que ocultaba la imagen del Hijo, porque de eso se trata de ir haciendo resplandecer la imagen del Hijo. Nos dice la amada en el Cantar de los Cantares:  

La hermosura de la Amada

1:5 Soy morena, pero hermosa,

hijas de Jerusalén,

como los campamentos de Quedar,

como las carpas de Salmá.

1:6 No se fijen en mi tez morena:

he sido tostada por el sol.

Los  cristianos  vivimos  y descubrimos  esa belleza en nuestro  entorno como “ hombres mujeres consagrados/as por el bautismo  llamados/as a mirar con los ojos de la fe para descubrir la belleza de Dios en la historia.   

Damos un paso más y vemos como descubrimos y devolvemos belleza en este camino de fidelidad dentro del entorno cristiano, como Nuevo Pueblo que busca la Verdad de Dios y manifiesta su amor.

Entrar en la realidad de la vida de los otros (no olvidemos que son un don  Dios) es tocar lo sagrado en lo más profundo de su misterio, es tocar el Cuerpo de Cristo en el corazón  del hermano/a y todo cuerpo es una realidad viva. Cada célula forma parte de una cadena que a su vez tiene conexión  con otra, así se constituye  lo que biológicamente se llama un ser vivo. Las células del alma encadenan desde  la eternidad a la humanidad entera porque la genética espiritual de su ser se fundamenta en Dios.

En el nº 92 de Evangelii Gaudium nos dice el Papa Francisco:

“Allí está la verdadera sanación, ya que el modo de relacionarnos con los demás que realmente nos sana en lugar de enfermarnos, es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano…”

La comunidad está convocada por la Palabra. Sigue insistiendo el Papa Francisco en el mensaje de cuaresma, que “la Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón y orientarlo nuevamente hacia Dios”.

Esa Palabra que se encarnó y dio a la historia palpitación, calor humano, sentido,  veracidad, la cubrió de trascendencia y la envolvió en su belleza original, el cristiano  debe acompañar a la humanidad a descubrir su belleza original de hijas e hijas de un Dios que es Padre “compasivo y misericordioso”.   

En este proceso integrador de nuestra experiencia cristiana  vamos descubriendo que la solidez de la consagración bautismal nos  urge a volver el corazón, el ser entero, no solo a Dios, sino también y prioritariamente a mis hermanas/os.

Les invito  escalar el monte de la vida cristiana  por tres veredas.

A partir de aquí voy a centrar este comentario en tres momentos importantes de la vida de Jesús  que pueden iluminar nuestra propia experiencia:

  • La comunidad que escucha a Jesús – Mat 5, 1-12 (montaña de la bienaventuranzas)
  • La comunidad que mira a Jesús – Lc 9,28-36 (montaña de la Transfiguración)
  • La comunidad que manifiesta a Jesús – Mc 15,22ss ; Mt 28,16 (montaña del Gólgota).

En las próximas semanas iremos desarrollando estas tres dimensiones de nuestra realidad de creyentes. Para ir descubriendo como la cuaresma nos embellece y nos devuelve la verdadera imagen del Hijo.

Sor María Ángeles Martínez OP

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