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Cuaresma, tiempo de escucha, Dios pasa en el desierto de la vida para transformarlo en estepa de misericordia

La comunidad que escucha a Jesús

“Viendo a la muchedumbre subió al monte y se sentó y sus discípulos se le acercaron …. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos, bienaventurados  los mansos, los que lloran… “

La percepción de las palabras o sonidos es diferente en la cumbre de un monte, incluso en ocasiones se produce lo que vulgarmente denominamos “eco”. Jesús sube al monte, ha visto a la muchedumbre y les habla al corazón. Había  pasado anteriormente cuarenta días en el desierto, tiempo suficiente para  calibrar la hondura de su misión,  sintió la fuerza del Padre frente al poder del mal y la confianza ilimitada de su amor. Vuelto a Galilea elige con quienes compartir la experiencia de su Padre. Un proyecto que trasformará la esencia del mundo.  “Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro y su hermano Andrés echando la red en el mar … y les dice venid conmigo…Caminando adelante vio a  otros dos hermanos, Santiago hijo de Zebedeo y su hermano Juan … y los llamó” ( Mt 4,18-22). Es su primer esbozo de  comunidad, los cuatro primeros discípulos, aquellos que escalarán con El el monte en la construcción del Reino. Los discípulos se le acercaron y Jesús comenzó su discurso: “bienaventurados los pobres , los mansos , los que lloran, los que tienen hambre y sed  de justicia…”. No es el discurso triunfalista de  un líder político o de un libertador, son las palabras de vida que brotan de un corazón que ama.

En el tiempo de cuaresma se nos invita a escuchar desde el corazón  la Palabra  y en el corazón abrir espacios de escucha y de verdad, para descubrir que la vuelta a la casa del Padre pasa por el desierto que nos  invita a subir al monte de la misericordia.   

Escalar comunitariamente el monte por la vereda de la escucha, es cimentar la vida  en aquello que nos cuestiona como integradores de un Reino que está en el mundo pero que no es del mundo.

Es también  escuchar la vida, sentir que brota allí donde somos capaces de apostar por el Otro, por los otros/as, por mis hermanos/as, por la humanidad, donde puedo percibir que entrelazamos historias rotas, cansancios, miedos, criterios diferentes de lenguajes paralelos. Y en la entraña misma, pero en el corazón comunitario, la  Palabra que convoca y trasforma, que con ilusión o sin ella, con rutina o sin rutina sigue siendo Palabra viva. ¡cuántos momentos oscuros nos ahorraríamos si de verdad creyéramos que la Palabra de Dios pronunciada sobre nuestro ser, sobre nuestra historia   es Palabra viva¡. Escuchar la belleza de la Palabra, que nos invita a entrar en el misterio de Dios para comprender el misterio del ser humano. Así la cuaresma  es tiempo de esperanza, donde como nos ha dicho el Papa Francisco en la homilía del miércoles de ceniza:

“cuaresma es el tiempo para volver a respirar, es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad. No es el tiempo de rasgar las vestiduras ante el mal que nos rodea sino de abrir espacio en nuestra vida para todo el bien que podemos generar, despojándonos de aquello que nos aísla, encierra y paraliza. Cuaresma es el tiempo de la compasión para decir con el salmista: «Devuélvenos Señor la alegría de la salvación, afiánzanos con espíritu generoso para que con nuestra vida proclamemos tu alabanza»; y nuestro barro —por la fuerza de tu aliento de vida— se convierta en «barro enamorado».”

La comunidad que escucha a Jesús no es la que privilegia el poder y subordina el servicio, es la comunidad de los bienaventurados: bienaventurados los manso, los sufridos, los pobres de espíritu, los misericordiosos, en una palabra, bienaventurados los que han besado sus heridas y las de sus hermanos/as  y las han asumido como parte de su historia, bienaventurados aquellos que las han besado con amor  porque son heridas del Cuerpo de Cristo.

 Escuchar el paso de Dios por la vida personal, comunitaria, por la vida de mi hermano/a, es también un paso hacia la Pascua  “porque cada vez   que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados/as para descubrir algo nuevo de Dios” (Evangelii Gaudium nº 272) por lo tanto para descubrir   y devolver belleza.

 Tendríamos escalada una primera vereda en este proyecto de comunidad cristiana embellecida en su camino hacia la Pascua, la vereda de la escucha, la escucha de la vida a la luz de la Palabra Encarnada.

Sor María Angeles Martinez Moreno Op.

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